Ya no tengo paciencia para algunas cosas,
no porque me haya vuelto arrogante, sino
simplemente porque llegué a un punto de
mi vida en que no me apetece perder más
tiempo con aquello que me desagrada o hiere.
No tengo paciencia para el cinismo, críticas en
exceso y exigencias de cualquier naturaleza.
Perdí la voluntad de agradar a quien no
agrado, de amar a quien no me ama y de
sonreír para quien no quiere sonreírme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario